Mi aportación para el Congreso Agenda 2030

A continuación os dejo el enlace del video «Derecho al empleo de mujeres con discapacidad», presentado para el próximo Congreso de la Agenda 2030. https://www.youtube.com/watch?v=tY5FtkyRrcU

Soy Lorena, soy mujer, vengo de una zona rural de Ourense y tengo una discapacidad física y sensorial. La interacción de estas características es en muchas ocasiones la base de una múltiple discriminación, que se puede agravar con la presencia de otros factores como la baja formación y la dificultad de acceso al mercado laboral. Como cualquier mujer quiero ser independiente, alcanzar mis propias metas, hacer pleno uso de mis derechos sin barreras y sentirme útil y válida. Obviamente soy consciente de lo que implica mi discapacidad ya que dependo de una tercera persona en mi vida diaria, pero ello no implica que no pueda tomar mis propias decisiones.
Con el objetivo de detectar situaciones de vulnerabilidad, respeto a la dignidad, facilitar la inclusión social y fomentar la participación en igualdad de condiciones, se creó en 2006 la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad. Fue el primer instrumento legal internacional que protege nuestros derechos.
En mi caso, mis padres siempre creyeron en mí y la discapacidad nunca supuso una limitación: me diplomé en Empresariales, me gusta viajar, tengo mi círculo de amigos y llevo una vida normal. Pero a pesar de mi positivismo y espíritu luchador, he de ser consciente que represento un porcentaje muy pequeño de mujeres con discapacidad que pudieron estudiar. No me siento superior, sino orgullosa de mi familia por su apoyo.
La educación es la puerta de acceso al mercado laboral. Sin embargo, mi experiencia personal me lleva a pensar que la teoría dista mucho de la realidad. De hecho, en España el Informe Olivenza de 2017, elaborado por el Observatorio Estatal de la Discapacidad, muestra unas cifras que nos deberían hacer pensar qué sociedad estamos construyendo. De los 2.30 millones de mujeres con discapacidad tan solo el 4% tienen estudios superiores y el 2,7% son analfabetas; frente al 50% y al 0,4% sin discapacidad respectivamente. Estamos ante un problema social que tenemos que erradicar desde la base concienciando a las familias y analizando el entorno. Por ejemplo, en mi provincia muchas mujeres con discapacidad mayores de 45 años no se les otorgó el derecho a una educación superior ni a un trabajo, muchas de ellas solo viven para el hogar.
Para mí el acceso al trabajo es condición sine qua non para la autorrealización personal y la integración social, pero la precariedad laboral actual supone que nuestro colectivo se encuentre en situación de especial vulnerabilidad. Regresando al Informe Olivenza, muestra que el 35% de las mujeres con discapacidad están activas (43 puntos menos que las que no la tienen), tratándose en muchas ocasiones de contratos temporales, poco valorados y con bajos salarios. Además, a medida que añadimos otras variables como juventud, acceso desde el rural, puestos de responsabilidad, grandes discapacidades etc. el porcentaje disminuye. Aunque los datos han mejorado en las últimas décadas, son cada vez más las medidas que están tomando los poderes públicos y el propio movimiento asociativo para solventar estas diferencias.

Cuando terminé la universidad pensé que encontraría un buen trabajo Lo tenía todo: formación, el entusiasmo de mi primer trabajo, ganas de aprender, espíritu de superación etc. Pero en las entrevistas cuando les explicaba que necesitaba adaptación del puesto, la respuesta más común era “ya la llamaremos”, por lo que durante años estuve en las listas de paro como muchas otras mujeres. De hecho, el Informe Olivenza refleja Una tasa de paro de 29,3% (10 puntos más que la de las mujeres sin discapacidad). En cualquier caso, tenemos derecho al empleo y a un salario digno como cualquier otra persona y debemos luchar por ello; nuestra discapacidad es un valor añadido.
En 2013 me quedé ciega, lo que suponía otra barrera para la búsqueda de empleo, pero no pensaba rendirme. Primeramente, adapté mi vida a la nueva discapacidad, aprendí a ver el mundo a través de los sonidos, los olores y el tacto. A través de la ONCE aprendí a utilizar la tecnología adaptada y asistí a cursos de manualidades, donde descubrí que tenía una gran habilidad manual y destreza con el tacto para trabajar con hilo. Ví en el campo del arte una oportunidad y quise aprovecharla. Todos tenemos nuestras fortalezas, simplemente hay que mirar en nuestro interior y conocernos a nosotros mismos. Tú, que me estás leyendo, te aconsejo que siempre pienses en lo que puedes aportar a la sociedad, a tu comunidad, a tu familia, a la vida y descubrirás que eres válida para muchas cosas. Pensando en lo anterior y vista la realidad española, el sistema solo me dejó lugar a una opción: el autoemprendimiento. Decidí saltar barreras y con el apoyo de mi familia y amigos creé mi proyecto artesanal: Xogo de Fíos. Se trata de la elaboración de diseños con hilo utilizando el tacto en su confección. Con ello me siento autorrealizada y emprendedora de mis decisiones, estoy feliz de poder llevarlo a cabo por mi misma. Es verdad que el mercado de la artesanía no está tan valorado como debería y que el proyecto está en su etapa inicial por lo que no me reporta los ingresos necesarios para tener una total independencia económica, pero soy optimista y espero conseguirlo. Con mi experiencia solo pretendo explicaros que el cambio es posible, como tantas otras mujeres luchadoras a lo largo de la historia debemos ser nuevas agentes y promulgadoras del cambio de este siglo. A nivel político y jurídico están apareciendo nuevas herramientas para hacernos más visibles. En España, la recientemente creada Agenda 2030 defiende nuestro derecho igualitario a la educación, al empleo, remuneración, acceso al transporte y espacios públicos. Destacando que la igualdad de géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino también la base para conseguir un mundo próspero y sostenible.

 

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